
Imagen ilustrativa de la Psicóloga Marina Mammoliti narrando este video.
Importante:
La presente publicación es una transcripción textual de un video youtube de la «Psicóloga Marina Mammoliti» 🚀 que lo puedes ver en su Plataforma digital de Psicología y Bienestar «https://www.youtube.com/@psimammoliti» 🚀 y de paso si lo deseas te suscribes, que apoya mucho su trabajo, muy útil para conocer la psicología.
(Transcrito con la tecnología de TurboScribe.ai.)
Hay partes nuestras que preferimos esconder. Nada me hace más feliz que ver a otros triunfar.Francisco empezó su cuarta sesión de terapia diciendo textualmente esa frase. Él siempre fue la persona dulce de su grupo de amigos, el que te abraza fuerte en momentos difíciles, el que nunca levanta la voz y siempre tiene una palabra amable. Viste ese amigo que vive siempre sonriendo ante los logros ajenos o siempre celebrando las cosas lindas de la vida de los demás. Súper amoroso, tranquilo. Pero detrás de tanta dulzura hay algo que lo saca de quicio. Personas y situaciones específicas que le encienden un fuego que se le hace difícil de apagar.
El día de nuestra quinta sesión, Francisco vino angustiado. Le había gritado a una compañera de trabajo con una furia de la que después se arrepintió. Sentí como un calor que me recorría de pies a cabeza. Primero fue una chispa en el pecho y después como si todo mi cuerpo se tensara. Y antes de darme cuenta no le estaba hablando, le estaba gritando. Literalmente me escuchó toda la oficina.
No sé qué fue más fuerte, el ardor que sentía en el cuerpo o la sorpresa de escuchar mi propia voz llena de rabia y ver a todo el mundo mirarme con los ojos muy abiertos. Después de relatarme la escena, dijo en voz muy baja. No era yo.
Yo nunca me enojo así. Marina, yo no soy esa persona. Pero ¿qué pasa si te digo que en realidad esa persona que explotó sí es él? ¿Qué pasaría si estuviéramos en realidad viendo por primera vez una parte suya que evitó toda su vida? ¿Alguna vez sentiste que hay algo de vos que no querés mostrar al mundo? Todos tenemos un rinconcito donde guardamos las partes que no queremos ver, que preferimos meter bajo la alfombra.
Lo que negamos, lo que escondemos. A veces es una emoción incómoda que nos asusta o una versión de nosotros mismos que nos da miedo aceptar. Partes que no parecen encajar con la imagen que queremos mostrar.
¿Por qué nos cuesta tanto reconocer nuestro lado oscuro? ¿Qué hay ahí que nos parece tan inaceptable? Hoy exploramos la sombra, esa parte oculta que habita en cada uno de nosotros.
Hoy presentamos la sombra. En cada uno de nosotros habita la capacidad de amar pura y desinteresadamente, como la madre Teresa de Calcuta, pero también de encarnar la más cruda oscuridad como cualquier villano de película. Es parte de ser humanos.
Todos podemos ser Heidy o Hitler, decía un profesor mío en la facultad. Frase que siempre me dio como un poco de miedo y me generó cierta angustia. Lo que somos depende del contexto y de cómo enfrentamos nuestras partes luminosas y sombrías.
Cuando descubrí el concepto de sombra de Carl Gustav Jung, un montón de cosas cobraron sentido para mí, en el consultorio, en mi vida, en un montón de situaciones cotidianas que se me hacían inexplicables. Para empezar, voy a advertirte que el concepto de sombra es complejísimo, es muy profundo y no podría nunca explicar todo en un solo capítulo de podcast. Lo que sí te prometo es que voy a dar lo mejor de mí para sacarle el máximo provecho a estos minutos que tenemos para explorar juntos este tema que es tan fascinante.
El concepto de sombra viene literalmente de nuestro propio reflejo ante la luz. La palabra sombra viene del latín umbra, que significa sombra proyectada en un objeto. ¿Viste que cuando el sol nos ilumina podemos ver proyectada nuestra sombra en el suelo? Así como tenemos una sombra física que está siempre con nosotros, también tenemos una sombra psicológica que, aunque no se vea a simple vista, también es parte de quienes somos.
Hace unos 2.500 años, en la antigua Grecia, en el templo de Apolo, los griegos escribieron una leyenda que decía Este consejo era tan importante que estaba grabado en piedra. Era una invitación a mirarse en serio, a explorar no solamente las virtudes, sino todo lo que somos. Los griegos entendían que en cada uno de nosotros hay una parte oculta, desconocida y, a veces, incómoda. Y sabían que solamente conociéndola podíamos ser una versión auténtica y completa de nosotros mismos.
Esta idea de reconocer y equilibrar lo que somos no es exclusiva de los griegos. En China, hace más de 2.000 años, surgió el concepto del yin y el yang, dos fuerzas opuestas, pero complementarias.
Están presentes en todo lo que existe, en vos y en mí también. El yin representa lo oscuro y el yang lo luminoso. Pero acá está lo interesante.
No puede existir el uno sin el otro, porque cada parte lleva un pedacito del opuesto. Y esa mezcla es la que hace que todo esté en equilibrio.
¿De dónde surge este concepto?
Como ves, estas ideas de luces, sombras y la necesidad de conocernos profundamente no son nuevas.Estuvieron presentes en muchas culturas a lo largo de la historia. Pero ¿de dónde es que surge el concepto de sombra tal como lo conocemos hoy? Para entenderlo, tenemos que retroceder en el tiempo alrededor del año 1910, cuando un tal Karl Gustav Jung, psicólogo y psiquiatra suizo, discípulo de Freud, revolucionó casi todo lo que sabíamos sobre la mente humana. Jung nos regaló un montón de conceptos que cambiaron el juego y entre ellos está la famosa sombra.
Una idea que, irónicamente, es más conocida que su mismísimo creador. Para Jung, la sombra es ese lado nuestro, oscuro, que escondemos, porque no encaja con la imagen que queremos dar o con lo que los otros esperan de nosotros. Es todo eso que no nos animamos a confesar. A veces ni siquiera nosotros mismos. Es la suma de lo que rechazamos de nosotros porque creemos que no encaja, que no es aceptable o simplemente nos asusta un poco. Este concepto se puso de moda en los últimos años y bienvenido sea porque lo consideró una joyita de la psicología junguiana.
Pero no basta solamente con saber que existe la sombra. Tenemos que saber qué es mejor hacer con ella. Porque, como decía Jung, mientras más intentamos esconder nuestra sombra, más fuerza toma y más se nota.
Al parecer, esconderla no es una solución. ¿Alguna vez dijiste o hiciste algo y después pensaste qué me pasó, ese no era yo? Te tengo noticias si sos vos. Todos queremos vernos como personas tranquilas, amables, exitosas, equilibradas.
Pero ¿qué pasa cuando algo nos descoloca? Cuando la alegría ajena nos molesta. Cuando sentimos una bronca irracional o explotamos por una pavada y después no entendemos por qué. Quizás estás en una reunión y alguien cuenta un logro. No te hizo nada, no te dijo nada, pero sentís una chispa de incomodidad, casi como un ardor interno. ¿Qué es esto? ¿Por qué en lugar de alegrarte sentís una molestia sutil, una envidia que no querés admitir? O tal vez alguien hace un comentario que te toca una fibra y saltás a la defensiva sin pensarlo y después te preguntas ¿por qué reaccioné así? La realidad es que todo lo que sentimos, incluso lo incómodo, también es parte nuestra. Jung decía que todos llevamos dentro una especie de mochila donde vamos guardando todo lo que no nos gusta de nosotros mismos.
Los miedos, las inseguridades, los deseos ocultos. Todo eso que preferimos ocultar de la mirada de los otros. Seguro conoces a alguien con un talento increíble. No sé, esa amiga que canta como los dioses, pero no se anima a hacerlo en público. O ese chico que dibuja como un profesional, pero dejó de hacerlo porque su familia le dijo que eso no le va a dar dinero. O capaz sos vos el que alguna vez quiso bailar, actuar, escribir, pero lo guardaste bien al fondo porque te hicieron creer que no era importante. ¿Y qué pasa con todo eso? Se esconde, se esconde en la sombra, se tapa, se ignora, se archiva en la parte nuestra que preferiríamos no mirar. Pero la sombra no desaparece porque la escondamos. De hecho, al contrario, cuando rechazamos una parte nuestra, nos rechazamos a nosotros mismos.
Y en el proceso terminamos negando nuestra historia, nuestras pasiones, hasta partes clave de nuestra identidad. Carl Jung hablaba de la sombra hace más de un siglo. Claro, en ese momento no había la ciencia que hay hoy, pero en la actualidad sus conceptos siguen persistiendo, incluso siendo estudiados por enfoques como la terapia de aceptación y compromiso o ACT, que nos dice que trabajar con lo que nos cuesta aceptar nuestra sombra, nos permite vivir mejor. Aumenta la confianza en nosotros mismos, nos ayuda a conectar de manera más sana con los demás y mejora mucho nuestra gestión emocional.
¿Cómo se forma la sombra?
¿Y cómo se forma la sombra? ¿Nacemos con ella o la construimos? Jung nos da una pista. La sombra no viene de fábrica, sino que se construye y se moldea a medida según las reglas y expectativas sociales, lo que el mundo espera de nosotros.
Cuando somos chicos, aprendemos rápido lo que está bien y lo que está mal según el entorno en el que crecemos. Y como queremos ser aceptados, mostramos solamente lo que los demás valoran. Si en nuestra casa ser amable y generoso es lo que cuenta, nos movemos a eso, nos volvemos eso.
Ahora, si mostrar enojo, deseo y ambición no está bien visto, lo escondemos. No pasa de un día para el otro. La sombra se forma de a poquito como un rompecabezas que armamos sin darnos cuenta.
Son nuestros vínculos, nuestras familias, nuestros amigos, la sociedad en general, quienes nos muestran qué partes nuestras deberíamos dejar a la luz y cuáles es mejor guardar en la oscuridad. Pensemos en los mensajes que recibimos sobre ser mujeres o ser hombres en algunas sociedades. A muchas mujeres se les enseñó que ser buenas, cuidar a otros y priorizar el bienestar ajeno era lo que estaba bien, lo que había que hacer. Y expresar enojo, ambición o deseo no era bien visto. Y así durante mucho tiempo, el liderazgo, el éxito profesional y la independencia económica quedaron en la sombra de la mayoría de las mujeres.
Por otro lado, a muchos varones se les inculcó que tenían que ser fuertes, no mostrar vulnerabilidad ni emociones consideradas como blandas. Pedir ayuda o expresar miedo o hablar de sus sentimientos se percibía como una debilidad, algo que había que ocultar. Afortunadamente, ya estamos en el camino a que deje de ser así, pero todavía nos queda un largo trecho por recorrer. Y así con el tiempo terminamos viviendo a medias.
Mostramos solamente lo que creemos aceptable y escondemos lo que realmente somos. Y entonces la sombra empieza a ser el destierro de una parte de quienes somos. Y acá pasa algo interesante. A medida que ocultamos, también construimos. No es que simplemente desaparezca lo que reprimimos, sino que para compensar, creamos como una versión aceptable de nosotros. Jung le llamaba a eso la máscara.: Es la cara que elegimos mostrarle al mundo. La máscara es lo que queremos que los demás vean de nosotros. Soy simpática, siempre estoy contenta, soy buena persona, soy generosa, me alegro por los logros ajenos, me apasiona mi trabajo o soy exitoso en lo que hago.
Es algo así como nuestra carta de presentación, la versión que consideramos más deseable, más atractiva, más aceptable. La construcción de la máscara y la sombra suceden en simultáneo. Al mismo tiempo que construimos esta imagen, todo lo que no encaja con ella se va a la sombra.
Y entonces a lo largo de la vida nos vamos moviendo entre estas dos versiones nuestras que nos constituyen. Lo que mostramos al mundo, la parte que encaja, que recibe aprobación, la que consideramos presentable, esa máscara que llevamos puesta cuando nos encontramos con otros y lo que ocultamos, la parte que nos incomoda, que nos hace sentir vulnerables o que creemos que no va a ser aceptada. Nos movemos entre estas dos caras toda la vida, pero hay algo clave.
Lo que reprimimos no desaparece, no deja de existir, queda escondidito hasta que un día, sin aviso, nos explota en la cara. A veces en forma de ansiedad, de una reacción desmedida, de emociones que no tenemos ni idea de dónde vienen. Y ahí entendemos algo. No se trata de elegir una o la otra. Se trata de integrar ambas. Hagamos una prueba.
Quiero que escuches las siguientes preguntas y te respondas a vos mismo en silencio. No tenés que escribir ni decir nada. Simplemente respondete a vos mismo con honestidad.
➤ Si te molesta que alguien sea mandón, quizás estás reprimiendo tu propio deseo de liderar o de tomar decisiones.
➤ Si te molesta que alguien sea ambicioso, capaz estás evitando aceptar que vos también querés conseguir más.
➤ Si te molesta que alguien sea llorón o sensible, será que te cuesta bancarte tus propias emociones y no podés aceptar que muchas veces tenés ganas de llorar.
➤ Si te molesta que alguien sea relajado, capaz que vos vivís demasiado tenso.
➤ Si te molesta que alguien sea muy perfeccionista, puede ser que tengas miedo de fallar.
➤ Si te molesta que alguien sea súper optimista, no será porque te molesta a vos no poder ver lo bueno.Ser muy pesimista y catastrófico.
➤ Si te molesta que alguien sea muy crítico, quizás vos te la pasás juzgándote a vos mismo.
➤ Si te molesta que alguien dependa mucho de otras personas, será que te cuesta admitir que a veces vos también necesitas ayuda.
➤ Si te molesta que alguien sea demasiado independiente, capaz estás negando que a veces querés tu propio espacio.
➤ Si te molesta que alguien sea muy directo, será que te incomoda a vos enfrentar la verdad.
➤ Si te molesta que alguien sea el centro de atención, quizás es porque vos también querés que te miren.
Si alguna de estas preguntas te incomodó, al menos un poquitito, felicitaciones, acabás de encontrar una puerta a tu sombra. Así que la próxima vez que algo o alguien te saque de quicio, hace una pausa y pregúntate ¿qué parte de mí estoy viendo reflejada acá?. Ese golpecito de realidad suele ser justo lo que necesitamos para conocernos mejor.
Sombra y máscara han sido el corazón de grandes historias a lo largo de los siglos. Vamos con un ejemplo actual. Miremos a Walter White de la serie Breaking Bad. Él empezó siendo un buen tipo, un químico brillante con muy buenas intenciones. Quería cuidar a su familia después de un diagnóstico terminal. Pero en su interior hay algo más. Un deseo reprimido de poder, de control, de reconocimiento. Y cuando las circunstancias le dan la oportunidad, su sombra toma el volante. Y lo que empezó como una necesidad se convierte en una ambición descontrolada.
Otro ejemplo épico, Anakin Skywalker, también conocido como Darth Vader de la saga de Star Wars. Anakin es el héroe destinado a la grandeza, que atormentado por sus miedos y sus ansias de proteger a quienes ama, se deja seducir por el lado oscuro. Su sombra, personificada en Darth Vader, se convierte en su identidad y lo corrompe, lo consume y lo lleva a cometer actos terribles.
Y último ejemplo, Elsa de Frozen, que es un caso un poco más amable. Al principio ella sufre porque reprime su sombra, que era su capacidad de destruir todo lo que toca con frío, porque la hace sentir un monstruo, la hace sentir mal. Pero cuando lo acepta y aprende a manejarlo, encuentra paz y mucho poder. La sombra deja de ser un enemigo para ella y se convierte, de hecho, en su mayor fortaleza. La historia de Elsa me gusta porque nos muestra que enfrentarnos a nuestra sombra es necesario para vivir de manera auténtica.
¿Por qué enfrentarnos a nuestra sombra puede cambiar nuestra vida?
Estos personajes nos enseñan algo clave y es que no podés huir de tu sombra, podés ignorarla, pero siempre va a encontrar la manera de salir.
Entonces, si la sombra es todo aquello que no queremos ver de nosotros, ¿por qué es que enfrentarnos a nuestra sombra nos puede cambiar la vida? Primero, porque nos permite dejar de pelear con nosotros mismos. En lugar de gastar energía escondiendo lo que nos dijeron que es malo, podemos reconocerlo, entenderlo, integrarlo.
Por ejemplo, si sentimos unos celos terribles todo el tiempo, pero siempre los ocultamos, solo los acumulás, acumulás, acumulás, en algún momento van a explotar en alguna escena dramática. Pero si los aceptás, si te das permiso para sentirlos sin culpa, podés entender por qué los sentís tan a flor de piel y podés aprender a manejarlos en vez de dejar que te manejen a vos.
También porque nos ayuda a manejar nuestros impulsos. Muchas de nuestras respuestas impulsivas, esas que decís en caliente, vienen justamente de la parte de nuestra mente que está a la defensiva.
Revisar nuestra sombra nos ayuda a entender esas reacciones y responder con mayor control. También porque nos vuelve más auténticos. ¿Qué quiero decir con esto? Que no mirar nuestras sombras es como habernos mirado siempre con miopía o con lentes rotos.
Por ejemplo, imaginemos que siempre decís que sí cuando alguien te pide algo porque querés caer bien y parecer confiable. Pero después te pasás días quejándote porque nadie valora todo lo que haces. Cuando empezás a trabajar con tu sombra, te das cuenta de que el problema no son los demás. Es tu miedo a decir que no y que piensa en mal de vos. Una vez que lo aceptas, aprendes a poner límites sin culpa y a dejar de acumular resentimiento. Ser honesto con vos es un alivio.
Además, porque mejoramos nuestras relaciones. Imagina poder decirle a tu pareja, por ejemplo, "Mira, esto que siento no tiene que ver con vos. Tiene que ver con mis inseguridades". Eso lo cambia todo. La sombra, cuando se esconde, se filtra en nuestros vínculos y los contamina. Pero cuando la enfrentamos, no solamente nos volvemos más reales, sino que además construimos relaciones más sanas y mucho más profundas.
Porque conocer nuestra propia sombra nos ayuda a entender la de los demás. Cuando te das cuenta de que vos también tenés una parte oscura, dejás de exigirle a los demás que sean perfectos. El trabajo con la sombra no solamente es un acto de amor propio, sino también es un regalo para nuestras relaciones. Cuanto más aceptamos lo que somos, más fácil es aceptar a los otros.
Bien, ya sabés que si sos un ser humano y vivís en el planeta Tierra, tenés una máscara y también tenés una sombra, te guste o no. Y ya sabés también que ignorar tu sombra no la hace desaparecer. De hecho, cuanto más la negás, más fuerte grita.
Situaciones cotidianas
La sombra siempre encuentra una forma de mostrarse. Y si prestás atención, vas a notar que está en todos lados, filtrándose en tu vida diaria.
Veamos algunas situaciones cotidianas. Cuando reaccionás de una forma que después decís ese no soy yo. Imaginemos que estás en una reunión y alguien dice algo que no es tan grave, pero vos sentís que te hierve la sangre. O alguien cuenta un logro y en vez de alegrarte, sentís una envidia, una incomodidad que te hace ruido. Bueno, ahí está tu sombra. Lo que te molesta del otro lado puede ser algo que quizás no te animás a ver en voz.
Cuando tenés reacciones impulsivas que no podés explicar. ¿Alguna vez te salió un comentario súper agresivo sin pensar y después te quisiste morir? ¿Te arrepentiste? No sé qué me pasó, no era yo. Bueno, spoiler, sí, eras vos.
Esas reacciones automáticas que parecen que salieran de la nada en realidad vienen de esa parte tuya que no controlas. Es la sombra tomando el volante por un rato. Cuando un comentario simple te hace estallar, te dicen llegaste tarde otra vez y te sube la bronca como si hubieran insultado a tu familia entera.
Te sentís atacado, aunque el comentario quizás no tenía tan mala intención. Cuando las reacciones son tan desproporcionadas, podemos sospechar que hay algo más profundo activándose. La reacción desmedida no suele ser por lo que me dijeron, sino porque tocaron un punto sensible nuestro.
Quizás nuestra necesidad de control, nuestro miedo a fallar o alguna inseguridad. Todas esas cositas que guardamos en la sombra. Cuando todas tus relaciones terminan igual, siempre cortás con tus parejas porque son demasiado dependientes o siempre terminan dejándote a vos porque no sos demostrativo o cada relación es una repetición de los mismos conflictos.
Cuando los patrones se repiten, la sombra está al mando. Es lo que negás de vos, lo que te hace actuar en automático siempre con el mismo desenlace, como en un loop. Cuando te enoja demasiado algo que hace el otro.
¿Te pasó alguna vez de sentir una bronca inexplicable por algo que alguien hizo o no hizo? Como pensar, nunca hace las cosas a tiempo o la verdad debería cuidar más sus palabras, lo que dice. Bueno, esa furia desmedida probablemente no tenga tanto que ver con la otra persona. Es más probable que esté hablando de vos.
Sí, de vos y de ese pequeño rinconcito donde vive tu procrastinación, tu falta de organización o esa inseguridad con tus palabras. Habla de tu sombra, porque muchas veces lo que te molesta de los demás es un espejo que te está mostrando algo que te cuesta ver en vos. O cuando algo nos hace sentir humillados o avergonzados.
No podés dejar de pensar en cómo te miró alguien, en lo que dijiste, y te da terror haber quedado mal. Pero acá viene la realidad incómoda. Muchas veces no es lo que el otro hizo o dijo, sino algo tuyo que salió a la luz.
Quizás el miedo a no ser suficiente, a no encajar, a que no te respeten. La vergüenza no es el enemigo, es una alarma. Y esa alarma te está mostrando justo lo que estás escondiendo debajo de la alfombra.
Hasta que no hagas consciente esa parte tuya, es muy probable que sigas repitiendo el mismo guión con distintos actores a lo largo de toda tu vida. ¿Cómo trabajamos con nuestra sombra? Hay una psicóloga argentina que trabaja mucho este concepto. Se llama Virginia Gawel y ella dice que a la sombra hay que domesticarla, que deje de ser un monstruo autónomo y pase a ser algo que nosotros podemos manejar.
Para ella, la forma de trabajar nuestra sombra sería algo así como domesticar el animal salvaje que llevamos dentro. Desde que conocí el concepto y empecé a trabajar con la sombra de mis consultantes y mi propia sombra, siempre me pareció una invitación hermosa, pero muy desafiante, para mirarnos sin filtros. Desafiante porque no hay trucos ni magia para integrar nuestro lado oscuro, la verdad.
Conectar con nuestra sombra lleva mucho trabajo, lleva compromiso, lleva tiempo. Es un camino que pide mucha atención. No es cuestión de borrar lo que no nos gusta, sino de aprender justamente a aceptarlo, abrazarlo y transformarlo.
Cuando aceptamos esas facetas nuestras, dejamos de ser esclavos. Y eso no nos aleja de lo lindo de nosotros. Al contrario, nos da una visión mucho más completa y real de quienes somos.
Como que amplía nuestra conciencia de nosotros. Es como poder decir... OK, sí, a veces soy medio inseguro o a veces soy un poco controladora o lo que sea. Y no pasa nada, porque eso también soy yo.
Es algo así como volvernos completos. Aceptando que todo eso que reprimimos también es parte nuestra y, en vez de amenazarnos, puede ser justamente nuestra fuente más grande de crecimiento personal. Una fuente superpotente.
El proceso de individuación
Jung dice que para integrar y trabajar con nuestra sombra, vamos a tener que emprender lo que él llamó proceso de individuación, que es el camino que nos lleva a conocer quiénes somos en realidad. Y este proceso no es otra cosa que un viaje al centro de nosotros mismos. Un camino para dejar de ser uno entre tantos y convertirnos en lo que realmente somos. Únicos, auténticos y completos. La individuación no va sobre ser perfectos. Es sobre ser reales. Es ampliar nuestra personalidad integrando todas nuestras facetas. Las lindas y las feas. Jung decía una frase que me encanta y es... Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma.
Y este proceso se trata de eso, de dejar de pelear con nosotros mismos. Y el resultado de eso es vivir más libres, más en paz y construir un camino propio, no el que los otros esperan de nosotros. El objetivo es ser más Elsa de Frozen, que aceptó su sombra y la convirtió en su poder, y menos Anakin de Star Wars, que se dejó consumir por su sombra.
Hay un camino que realmente considero que es superpoderoso para trabajar con nuestra sombra. Es la psicoterapia. En Psicomolity, cada profesional se compromete a crear un espacio seguro para explorar lo que somos sin máscaras ni filtros.
Es un lugar donde podemos descubrir partes que nos resultan incómodas y que quizás no nos animamos a mirar. Si querés iniciar terapia con nosotros, te esperamos en psicomolity.com. Ahora sí, llegó el momento de pasar a la acción, porque ¿de qué sirve entender nuestra sombra si no podemos hacer nada con eso? Reconocerla no es hacerle un monumento al caos ni justificar todo lo malo que hacemos. Es simplemente empezar a ser más nosotros mismos, pero nosotros mismos de verdad.
Para ayudarte a dar ese paso, te traigo hoy un ejercicio práctico y completo. Son cinco pasos que te van a guiar para conocer y transformar tu sombra en una aliada para iniciar ese proceso. No necesitas experiencia previa ni nada, solamente un poco de tiempo, mucha sinceridad y ganas de explorar lo que llevas adentro.
Ejercicio práctico
Bien, listo, lista para el desafío. Respira hondo, agarra papel y lápiz, o si preferís, hacelo mentalmente, y vamos a conocernos un poquitito mejor. El objetivo de este ejercicio es identificar todas esas cosas que les atribuimos a nosotros, pero que en realidad hablan más de nosotros mismos que de esos otros.
Hay una frase que me encanta, que dice que estamos destinados a cruzarnos con personas que nos van a traer los desafíos necesarios para nuestra evolución. Y este ejercicio busca justo eso.